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La semilla del son cubano más auténtico continúa esparciéndose gracias a la labor que realizan grupos como La Familia Valera Miranda, que ha llegado a ser definida como un verdadero tesoro nacional. Los orígenes de este curioso clan se remontan a principios de este siglo cuando Vicente Cutiño, que había sido coronel del ejército de los mambises que se sublevaron contra los españoles en 1898, en el mismo batallón del mítico héroe de la independencia Antonio Maceo, recibió una gran suma de dinero gracias a la Ley Platt, por la que Estados Unidos se comprometía a resarcir económicamente a los que habían luchado contra España. Con ese dinero compró una finca en la cuenca del Cauto, cerca de Manzanillo, en el Oriente cubano, utilizando su casa como lugar de reunión, de tertulia y fiesta. Cutiño, que vivió 125 años -¡y tuvo su último hijo a los 100!-, era un excelente cantante y percusionista, que acompañaba a los grupos improvisados que se montaban en su casa.
Era en esos años, precisamente, cuando se estaba desarrollando el Son como un género típicamente cubano, que recogía influencias de las canciones españolas (Cutiño era de origen canario) y de los ritmos africanos. Una amalgama que se aderezaba con unas letras que hablaban de emociones, gestas y hechos cotidianos, algo que les valió a sus intérpretes el calificativo de trovadores. Y es por eso que el Son ha florecido en las denominadas Casas de la Trova, esparcidas por toda la geografía cubana.
En la actualidad, la Familia Valera Miranda tiene establecida su residencia en Santiago de Cuba, reducto del Son tradicional, y su casa, como la vieja finca del bisabuelo, sigue siendo un lugar de encuentro para tertulias y descargas soneras. Félix Valera, que luchó en Sierra Maestra junto a Fidel Castro, es el director musical del grupo, además de la primera voz, guitarrista y tresero. Su mujer, Carmen Rosa Alarcón, toca las maracas y hace coros.
El sonido de La Familia Valera Miranda es dulce como el azúcar, y entronca en la definición que el propio Félix Valera da del son : \"el son refleja la vitalidad y las ganas de vivir del pueblo cubano. Es caliente, ardiente y sensual\". Escuchando a este grupo de larga tradición musical, se pueden descubrir las raíces africanas del Son en el sonido de los bongós, en la polirritmia de la clave y en ese juego que se establece entre la voz principal y la respuesta que ofrece el coro, habitual en el Son montuno y en toda la tradición vocal africana. El son y el bolero son los ingredientes fundamentales en la receta de este grupo que hace realidad el conocido lema de Oriente, tierra caliente.
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