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Información del artista:
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Más allá del Massuh como segundo apellido, su barba y cabello blanco son culpables de que algunos amigos motejen a Fabián Meneses como el ‘Turco’.
Pero Meneses es quiteño como él solo. Un compañero de la Red de Trovadores del Ecuador, Fabián Jarrín, afirma que Meneses tiene un marcado localismo, amén de un extremo cuidado con las letras. “Una voz quiteña se refleja en su canción”, dice Jarrín.
Defensor acérrimo del derecho de existencia y subsistencia de la canción como género poético y expresivo, antes que musical, Fabián Meneses es un estudioso de la historia de los cantautores.
Todo empezó, dice, con los trovadores. Para él, fueron los primeros periodistas. Luego, los juglares, intérpretes de esas composiciones. “El cantautor es cronista de su época”, dice Meneses. Él siempre quiso decir y contar cantando.
El cantante guarda recuerdos de cada vez que subió a un escenario, No ha olvidado, por ejemplo, el nombre del bar en La Mariscal, Hojas de Hierba, donde a fines de los setenta tocó por primera vez.
Estudió arquitectura. De sus conocimientos e imaginación sacó su casa, ubicada en Tumbaco, al pie del Ilaló. La llama ‘la casa de chocolate’ y ahí fundó su familia. Tiene esposa y dos hijas. Madera y muchas ventanas, naturaleza y color dan vida al hogar. Allí, además de su guitarra, otros instrumentos musicales decoran la sala.
Meneses es amable, cariñoso y gran conversador. Hablar con él es entregarle la punta de un ovillo. El toma la punta y, pausadamente, la desenrrolla. Con agujetas imaginarias teje frases, versos, argumentos, manifiestos. Y risas.
Entre sus influencias, Joan Manuel Serrat, Atahualpa Yupanqui, Facundo Cabral o Víctor Jara saltan enseguida.
Aunque las raíces de su canción de autor estén en el medioevo, Fabián Meneses no se ha quedado en la época del ‘mester de juglaría’: tiene el oído y la sensibilidad atentos a lo por venir.
Tiene un nutrido archivo sonoro y bibliográfico sobre la canción de autor. Se la ha llamado ‘de protesta’, ‘social’ y, últimamente, ‘necesaria’. Mientras creaba su propio material, Meneses se interesó por el de sus colegas ecuatorianos.
Junto con ellos formó en los años setenta y ochenta la Coordinadora de Artistas Populares. Desde la música estuvieron Álex Alvear y Jaime Guevara, entre otros; desde las tablas, actores como Carlos Michelena o Arístides Vargas, bailarines como Susana Reyes o Wilson Pico... Por algo más de tres años, recorrieron el país llevando conversatorios, conciertos y funciones. Eran políticos y acompañaron huelgas; estos artistas asumieron su arte como vida y oficio.
En los noventa, junto con Alberto Caleris, Juan Carlos Terán y Hugo Idrovo, fundó El cuarto creciente, un colectivo que buscó calidad, precisión y limpieza comunicativa en una misma obra estética: buscaban la canción de autor.
Caleris cuenta que este fue un encuentro puntual, en el que se vio manifiesta la lucha de Meneses. “Es muy silencioso. Siempre le ha interesado el desarrollo de la canción de autor. él es uno de los que más ha trabajado alrededor de eso. Es de los pocos que continuó con toda la fuerza y claridad en lo que eso significa ”.
Ernesto ‘El Negro’ Acosta (sonidista) conoce el trabajo de Meneses desde los ochenta y colaboró en la grabación de sus tres discos (desde el 2001). Acosta anota lo difícil que es seguir cantando, no claudicar. En cuanto a género, el sonidista pone la creación de Meneses en el espacio de la fusión y califica sus letras como “humanistas y contestatarias”.
De canciones y maíz
Fabián Meneses nació el 15 de enero de 1956, en Quito. |
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